El internet aísla a las familias y debilita valores como la unidad en el hogar

La modernidad puede resultar perjudicial en la medida en que permitimos que, por ejemplo, chatear por el teléfono celular, nos prive del privilegio de hablar con los componentes de la familia.


Fernando Alexis Jiménez | Editor de la Revista Vida Familiar


Si me lo pregunta, le diré que reconozco la importancia de la tecnología. Forma parte del proceso de transformación que permite Dios. Sin embargo, el problema estriba no tanto en los avances de la tecnología—por ejemplo—sino en el mal uso que hacemos de ellos. El internet es un ejemplo vivo. Está comprobado que aísla a las familias y debilita un valor fundamental como es la unidad entre los componentes del hogar.

Una investigación realizada por Kaspersky Lab y iconKids & Youth, acerca del impacto que está teniendo internet en las relaciones familiares, arrojó que la percepción es negativa y se está convirtiendo en causa de distanciamiento entre padres e hijos.

De 3.700 familias encuestadas en siete países, los resultados del sondeo arrojan una idea sobre el cambio que está sufriendo la familia tradicional como consecuencia del mundo digital actual. Se encontró que el 21 por ciento de los padres y el 22 por ciento de los niños consultados coinciden en que internet y los dispositivos tecnológicos están generando “tensiones familiares”.

Ligado a este resultado, otro más inquietante: los hijos prefieren consultar páginas de internet para despejar sus inquietudes, antes que a sus padres. La información que obtienen, por supuesto, puede ser equivocada en todos los casos.

¿Por qué el internet genera conflictos?

De acuerdo con los resultados de la investigación realizada por Kaspersky, las tensiones por la utilización del internet tienen como posible origen el hecho de que en gran parte de los grupos familiares los dispositivos para conectarse a internet son compartidos.

Dos tercios de las familias dijeron que en su hogar se comparte un mismo computador, el 30 por ciento de los padres aseguraron que sus hijos infectaron, al menos un dispositivo, con algún virus descargado de páginas maliciosas.

Opiniones encontradas

Sin embargo, no todos los especialistas apuntan a que sea perjudicial el tema de las tecnologías y los dispositivos electrónicos.

Janice Richardson, asesora sénior del ‘European Schoolnet’, la red ministerios de educación europeos, asegura en un reciente estudio realizado por el Centro Conjunto de Investigación de la Comisión Europea que curiosamente hay una tendencia que ha empezado a surgir, donde los miembros de la familia ahora se consultan más, por ejemplo alrededor de cómo funcionan determinados artefactos.

Los hermanos y miembros de toda la familia desempeñan un papel mucho mayor en las actividades de los niños en línea; ahora recurren a la persona que ellos perciben en su círculo familiar, es capaz de solucionar problemas técnicos, asesorarles sobre los sitios y herramientas de seguridad, y proporcionar respuestas más objetivas a las preguntas delicadas«, dice la especialista.

Por su parte, Andrei Mochola, director de negocios para el consumidor en Kaspersky Lab, expresó que:

«Es natural que el uso y mal empleo de cada uno de los dispositivos conectados de otros miembros de la familia llegue a ser una causa de conflicto. Sin embargo, a medida que pasamos cada vez más tiempo en línea, la dinámica familiar también está cambiando. Es importante que las familias mantengan un diálogo continuo sobre cómo detectar y responder a los peligros potenciales de Internet«.

Un hecho altamente positivo del estudio desarrollado por Kaspersky Lab es que se puso al descubierto la necesidad de que los padres se mantengan actualizados en temas del mundo digital y establezcan normas para navegar en internet con el propósito de evitar conflictos con sus hijos.

Unidad familiar, por encima de todo

Nada debe atentar contra la unidad de la familia. Ni hoy ni nunca. Y en esta tarea los cónyuges debemos ser atalayas, mantenernos vigilantes.

En su célebre oración del monte Getsemaní, a las afueras de Jerusalén, nuestro amado Señor Jesús enfatizó en la unidad, la que por supuesto, debe primar en nuestro círculo familiar hoy día:

“Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. Más no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.”(Juan 17:19-21)

Orientar nuestros esfuerzos hacia la unidad familiar demanda al menos cuatro pasos:

  1. Evaluar cómo anda la relación con el cónyuge y los hijos.
  2. Determinar, con ayuda de Dios, en qué estamos fallando.
  3. Pedir a Dios la sabiduría necesaria para identificar los correctivos a aplicar.
  4. Perseverar en la decisión de cambio.

Nunca es tarde para comenzar ese proceso. Dios está de nuestro lado y nos ayudará. Jamás podemos olvidar que el Dios en el que hemos creído, es el Dios de la familia.

Perseverancia en la unidad familiar

Por supuesto, reconocemos que la vida familiar no es fácil. Surgen dificultades cuando menos lo esperamos, pero es necesario perseverar.

En la carta a los creyentes de Éfeso, en el primer siglo de nuestra era, el apóstol Pablo lo explicó en los siguientes términos:

“Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz…”(Efesios 4:1-4)

La unidad. Esa debe ser nuestra prioridad, y más cuando se trata de la familia. Lograrlo es posible cuando le permitimos a Dios que ocupe el primer lugar en nuestro hogar, y con su divina ayuda, nos encaminamos a resolver los conflictos.

Él nos guiará por el camino que debemos seguir. De esa manera, hablar de unidad familiar no será algo lejano sino muy real.

No podría despedirme sin antes invitarle para que tome la mejor decisión de su vida: Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo. Él permite experimentar un cambio radical en nuestra vida. Nos lleva a experimentar una nueva forma de pensar y de actuar, y de la mano con ese proceso, pasos de cambio y crecimiento en nuestra vida personal, espiritual familiar.


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