Una nueva historia que usted deberá escribir

Como seres humanos siempre enfrentaremos el trato con personas difíciles. En nuestras fuerzas, siempre tendremos conflictos. Con ayuda de Dios, obtendremos la victoria.

La gracia de Dios no es otra cosa que la manifestación del amor infinito de Dios por los pecadores. Por la obra de Jesús en la cruz, nuestros pecados fueron perdonados. Hoy es el día para comenzar una nueva vida.


Fernando Alexis Jiménez | Editor de la Revista Vida Familiar | @VidaFamiliarCo


La historia es real. Ocurrió en una capital de América Latina. Comenzaba el mes de enero. Alina Rodríguez fue a la entidad bancaria con la que tenía una obligación hipotecaria. Dictó cuidadosamente el número de su crédito para hacer el depósito correspondiente. Después de cliquear en el computador por un buen rato y preguntar una y otra vez el nombre y la identificación para rectificar, el cajero se quedó mirándola con desconcierto:

Usted no tiene ningún crédito con nosotros.

–Por supuesto que sí. Llevo dos años pagando las cuotas mensuales.—replicó Alina con determinación.

–Verá, señora, aquí no aparece ningún compromiso financiero. Lo siento; tendrá que venir luego.

Ella repitió las visitas tres veces más, hasta que se dio por vencida.  Tiempo después obtuvo una explicación. Un error en el software al cambiar de año, borró no solo su deuda, sino la de un centenar de personas en toda la nación.

Por asuntos jurídicos y para evitar demandas, debido al fallo informático, el banco les perdonó definitivamente el compromiso crediticio. El hecho fue registrado en un diario local, en un pequeño recuadro.

Buscando documentos en el arrume de recortes de periódicos que conservo en mi pequeño estudio, lo encontré, y creo que es apropiado para referirnos a la gracia de Dios. Es la manifestación del amor de Dios para los pecadores. Nos perdona, en respuesta a un arrepentimiento sincero.

DEBEMOS RECONOCER LOS EQUÍVOCOS

Mientras muchas personas justifican la comisión de pecados, hay quienes, tras evaluarse, reconocen su error y admiten que su caminar delante de Dios, no ha sido el mejor. Es más, ese andar descarriado, transgrede las pautas trazadas por el Padre, principios que leemos en la Palabra.

Al regresar a casa, el hijo pródigo se rindió a su progenitor, sin tratar de dar razones del por qué había actuado mal:

«El joven le dijo: “Papá, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco que se me llame tu hijo” (Lucas 15: 21 | NVI)

Si es su caso, es decir, si desea emprender una nueva vida después de haber fallado por años, causándose daño y de paso a las personas que ama, hoy es el día para volver la mirada al Creador. Él lo está esperando. Le abrirá las páginas en blanco de un libro cuyos nuevos capítulos, usted deberá escribir.

El joven evidenció tres características de las que deberíamos tomar nota:

  • Fue honesto consigo mismo y con su padre.
  • No se justificó por los pecados.
  • Se humilló ante el progenitor.

Si anhelamos un cambio en nuestra existencia, estamos a tiempo.

¿QUÉ OPORTUNIDAD TENEMOS HACIA EL FUTURO?

Cuando se han cometido muchos pecados, por tiempo inmemorial, llegamos a pensar que no hay una oportunidad. Esa convicción es la que distancia a infinidad de personas de su Creador y se muestran renuentes de ir a su presencia, por temor.

Sin embargo, el Señor nos extiende el perdón. No tiene ánimo de condenarnos, sino de que nos pongamos a cuentas con Él.

El apóstol Juan, explica el asunto en los siguientes términos:

«Así manifestó Dios su amor entre nosotros: en que envió a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados. Queridos hermanos, ya que Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros.» (1 Juan 4: 9-11 |NVI)

Le animo a mirar la reacción del padre cuando vio de nuevo en casa al hijo pródigo:

«Pero el padre ordenó a sus siervos: “¡Pronto! Traigan la mejor ropa para vestirlo. Pónganle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero más gordo y mátenlo para celebrar un banquete.» (Lucas 15: 22, 23 | NVI)

El muchacho creyó que lo había perdido todo, incluso su condición de hijo, pero al igual que ocurre con la gracia de Dios, se llevó una tremenda sorpresa al darse cuenta de que la oportunidad era enorme y le abría un amplio abanico de posibilidades. ¡El amor de Dios es infinito!

Piense por un instante que esas mismas oportunidades están a su disposición. Emprender una existencia renovada, que impacte positivamente la relación con su cónyuge, con los hijos, con sus padres y hermanos y las personas con las que interactúa diariamente, no solo es posible, sino que está delante de usted

UNA LUCHA PERMANENTE

Como seres humanos y debido a nuestra naturaleza pecaminosa, enfrentaremos una batalla permanente con las tentaciones y Satanás querrá sacar ventaja. No obstante, si avanzamos prendidos de la mano de Dios, apropiándonos de Su gracia, tenemos la victoria asegurada.

El rey David graficó el asunto de la siguiente manera:

“Yo sé que soy malo de nacimiento; pecador me concibió mi madre.” (Salmo 51: 5 | NVI)

Es importante tener claridad sobre el asunto, sólo así podemos permanecer fieles a Dios, porque reconocemos que en nuestras fuerzas no podremos salir vencedores, sino dependiendo de Él, por su gracia.

Jamás lo olvide: solo nuestro Supremo Hacedor, es quien tiene en Sus manos el poder para perdonar, poder que se materializó con la muerte de Jesús en la cruz. Y Él desea perdonarnos:

“Aparta tu rostro de mis pecados y borra toda mi maldad. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu.” (Salmo 51: 7, 9-10 | NVI)

Aunque le hayan dicho que usted no merece nada, ni el perdón de Dios, no preste atención a esas palabras necias. Simplemente, confíe en el amor perdonador de Dios. ¡Una nueva vida lo está esperando desde hoy!


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