La prosperidad en el plan de Dios

El eterno propósito de Dios es prosperarnos en todas las áreas de nuestra vida.

Una decisión sabia estriba en reconocer que Dios desea prosperarnos en todas las áreas de nuestra vida y que esa prosperidad no es por nuestros méritos, sino por pura gracia. Cuando somos prosperados, debemos someter a Dios esa prosperidad.


Fernando Alexis Jiménez | Director del Instituto Bíblico Ministerial


¿Sabía usted que Dios desea prosperarlo? Ahora bien, si partimos de ese presupuesto, ¿qué problema hay en que un cristiano sea prosperado? En esencia, ninguno.

En la Palabra leemos un texto clásico, que compartimos con usted:

“Querido hermano, oro para que te vaya bien en todos tus asuntos y goces de buena salud, así como prosperas espiritualmente.” (3 Juan 2 | NVI)

El conflicto sí radica en que consideremos que la prosperidad se circunscribe únicamente al crecimiento económico. Distorsiona totalmente el objetivo inicial de Dios.

También, en que se haga de las riquezas su principal motivación de la vida y que, alimentando esa ambición, se aleja de Dios, de su familia y de su misión conforme al plan divino (1 Timoteo 6: 10; Marcos 10: 24).

De hecho, el pasaje de 3 Juan 2 se ha convertido para muchos expositores de la teología de la prosperidad, en su caballito de batalla. Y están descontextualizando el pasaje Escritural. Y cristianos, quizá no mal intencionados, buscan lo económico y dejan de lado lo espiritual. Tremendo equívoco.

¿DE QUÉ MANERA DESEA PROSPERARNOS DIOS?

El teólogo, ​Gerson Morey, anota acertadamente:

“La teología de la prosperidad es un mal endémico que trasciende las denominaciones, y tristemente ha encontrado aceptación en muchos ministerios. Encuentra base en un mal uso y abuso de ciertos textos, mientras ignora la mayor parte de las Escrituras, específicamente del Nuevo Testamento. El mensaje de la prosperidad ha traído descrédito a la iglesia, autoengaño para los incrédulos que asisten a sus iglesias, tropiezo, decepción y confusión ante los creyentes, y ha oscurecido al evangelio de Cristo.”

Ahora bien, no podemos desconocer que Dios sí desea que seamos prosperados, pero en una forma integral: todo nuestro ser. Él provee para nuestras necesidades e, incluso, mucho más de lo que esperamos.

El rey Salomón, lo dejo claro cuando escribió:

“Aparta de mí la vanidad y la mentira, y no me des pobreza ni riquezas. Dame sólo el pan necesario, no sea que, una vez satisfecho, te niegue y diga: ¿Y quién es el Señor? O que, por ser pobre, llegue yo a robar y ofenda el nombre de mi Dios.” (Proverbios 30:8-9).

Observe cuidadosamente que algo que preocupaba al monarca, era caer en la arrogancia y la prepotencia como consecuencia de poseer solidez económica. Sabía que no conducía a nada bueno.

Pero retomando el hilo de la conversación, la prosperidad si es parte del plan divino, no porque lo merezcamos sino por la gracia del Padre:

“La persona generosa será prosperada y el que sacia a otros también será saciado,” (Proverbios 11:25).

El autor cristiano, Donald Gossett, anota lo siguiente alrededor del tema:

“La vida abundante en Cristo incluye cada esfera de la vida: la espiritual, la emocional, la mental, la social y la financiera. En Jesús tenemos provisión total y abundante para todas nuestras necesidades.”

Si somos prosperados por Dios en materia financiera, el camino apropiado es someter nuestros bienes materiales en Sus manos y permitir que Él nos guíe acerca de la forma como debemos invertirlos.

VIVIR EN PLENITUD

La mayor riqueza no es de carácter económico, sino espiritual, cuando estamos en consonancia con el plan de Dios. El Señor Jesús expresó su misión de generar las condiciones para que seamos prosperados en todas las áreas (Juan 10: 10)

Claro, vendrán dificultades que solamente se suplen con dinero, pero Dios suple todas nuestras necesidades (Filipenses 4: 19; Salmo 34: 10) Insistimos, el problema no radica en tener riquezas, sino en convertir las riquezas en un ídolo (1 Timoteo 6: 10; Marcos 10: 24)

Somos de Dios y vivimos para Dios, aunque no haya abundancia, con lo cual nos identificamos con el apóstol Pablo:

Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4. 12)

Si nuestra confianza esta afincada en el Señor, sabemos que nos proveerá lo que necesitemos.

DIOS TIENE LA RUTA PARA PROSPERARNOS

Nuestro enfoque debe ser primero el reino de Dios, lo demás vendrá por añadidura (Mateo 6: 33) Sobre esa base, viene bien conocer el propósito de Dios para traernos prosperidad en todas las áreas:

> Dios honra la generosidad de sus hijos (2 Corintios 9. 6, 7)

> Quien da con generosidad, recibe con generosidad (Lucas 6: 38)

> Una forma de honrar a Dios es aportando de nuestros ingresos para la extensión de la obra (Proverbios 3: 9, 10)

> En la cruz y por la obra redentora de Jesús, quedó roto todo obstáculo que nos impedía ser prosperados (2 Corintios 8: 9)

> Todo lo bueno proviene de Dios (2 Corintios 9. 15; Santiago 1: 5)

> Cada día Dios nos colma de bendiciones (Salmo 68: 19)

Es imperativo en nuestra vida que seamos agradecidos con Dios por Su provisión diaria y las bendiciones que nos envía en todas las áreas. Hacerlo, es una forma de honrarle.

¿CÓMO DEBEMOS HONRAR A DIOS CUANDO PROSPERAMOS?

En primer lugar, debemos ser gratos con Dios. Insistimos, es nuestra forma de honrarlo. Si son bendiciones de orden económico, debemos ser generosos. Debe constituir un distintivo en nuestra existencia.

Ahora bien, tenga en cuenta lo siguiente:

> Dios es quien tiene el poder para prosperarnos (1 Corintios 10: 26; Hageo 2: 8)

> Dios es quien nos provee cuanto necesitamos (Salmo 50: 10-12)

> Toda provisión la dispone Dios para nosotros (Juan 3: 27)

> Dios nos enseña el camino a seguir (Isaías 48: 17)

> Dios nos da el poder de hacer riquezas (Deuteronomio 8: 18)

> A Dios le damos parte de lo que recibimos de Sus manos (1 Crónicas 29. 12-14)

> Debemos disfrutar de aquello que Dios nos ha provisto (Eclesiastés 5: 19)

Las bendiciones de Dios son múltiples, de carácter espiritual y material. Nos incluyen y también a nuestra familia. No es por mérito, sino por la Gracia, aquella que nos permite el perdón de pecados, una nueva vida y la eternidad a Su lado.

En ese orden de ideas, no podemos ni debemos satanizar los bienes económicos.

El autor cristiano, Donald Gossett, anota:

“Como cristianos podemos estar gozosos porque hemos recibido de Dios todo lo que necesitamos. También podemos estar gozosos porque conocemos la bendición de dar. De hecho, los cristianos más gozosos son aquellos que conocen el gozo y satisfacción que se derivan de dar con generosidad.”

Una decisión apropiada y sabia es someter nuestros bienes y aún la misma prosperidad, en manos de Dios. Él nos provee y nos enseña cómo debemos administrar los recursos.


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