De esclavista a libertador

En Cristo encontramos libertad de la esclavitud

«Mi memoria casi se ha ido, pero recuerdo dos cosas: que yo soy un gran pecador y que Cristo es un gran Salvador». — John Newton


La vida de John Newton comenzó bajo el signo del látigo y la tormenta, sumergido en la degradación moral del comercio de esclavos.

Como capitán de barcos negreros, Newton no solo cruzaba el Atlántico transportando vidas encadenadas, sino que él mismo era prisionero de un corazón endurecido y blasfemo.

Sin embargo, en 1748, una tempestad furiosa en alta mar quebró su soberbia; ante la inminencia de la muerte, clamó por una misericordia que no merecía.

Aquel «infiel y libertino», como él mismo se describía, encontró en el naufragio el inicio de su salvación, pues Dios utilizó el rugido de las olas para despertar una conciencia que parecía muerta.

Tras su conversión, la transformación de Newton no fue inmediata, sino un proceso de santificación que lo llevó a abandonar las cubiertas ensangrentadas por el púlpito de Olney.

Fue allí donde su pluma, antes dedicada a bitácoras de opresión, compuso los versos de «Sublime Gracia» (Amazing Grace), un testimonio vivo de cómo la luz divina puede rescatar a un «pobre ser» y devolverle la vista al ciego espiritual.

Su arrepentimiento floreció en una humildad profunda, reconociendo que solo la gracia soberana de Cristo pudo haber transformado a un antiguo mercader de hombres en un humilde siervo del Reino.

En sus años finales, Newton se convirtió en una voz profética y un aliado incansable de William Wilberforce en la lucha por la abolición de la trata de esclavos en el Imperio Británico.

Ya anciano y con la memoria fallando, afirmaba recordar con claridad solo dos cosas: que él era un gran pecador y que Cristo era un gran Salvador.

No descansó hasta ver que su testimonio ayudaba a romper las cadenas físicas de aquellos a quienes una vez oprimió, partiendo a la presencia del Señor con la certeza de que su legado ya no sería el dolor, sino el canto eterno de un alma rescatada por el amor de Dios.

John Newton es uno de los tantos hombres y mujeres que entendieron la GRACIA de Dios.

El apóstol Pablo escribió:

Ustedes han sido salvados porque aceptaron el amor de Dios. Ninguno de ustedes se ganó la salvación, sino que Dios se la regaló. La salvación de ustedes no es el resultado de sus propios esfuerzos. Por eso nadie puede sentirse orgulloso.” (Efesios 2: 8, 9 | TLA)

Dios nos ama tanto, que nos extiende Su GRACIA perdonadora. Esa GRACIA maravillosa que nos ofrece la posibilidad de emprender una nueva vida.

Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo.


Fernando Alexis Jiménez – Misión Edificando Familias Sólidas – @FamiliasSólidas