El manejo de nuestra economía reviste mucha importancia. Hablamos de la economía personal y familiar. Compartimos principios sencillos y eficaces para ser excelentes mayordomos de cada peso.
Dios puede darles muchas cosas, a fin de que tengan todo lo necesario, y aun les sobre. Así podrán hacer algo en favor de otros. (2 Corintios 9:8 | TLA)
Si piensa que le voy a hablar de la prosperidad como se acostumbra en muchos púlpitos hoy día, se equivoca.
Nada de eso. No comparto que se utilicen argumentos para mercantilizar la fe.
No es bíblico. Es un negocio de quienes se parapetan en la religión para esquilmar a las ovejas.
¿Entonces?
Es sencillo. Dios provee para nuestras necesidades. Lo hace cuando entregamos en Sus manos lo que requerimos.
Es nuestro Padre celestial y es nuestro proveedor.
El apóstol Pablo escribió:
“Por eso, de sus riquezas maravillosas mi Dios les dará, por medio de Jesucristo, todo lo que les haga falta.” (Filipenses 4: 19 | TLA)
Cuando le pedimos, el Señor nos da. Ayuda a suplir nuestras necesidades.
Sin embargo, muchos esperan que, al convertirse a Cristo, se van a enriquecer. Y hay líderes de algunas organizaciones, que ayudan a alimentar esa idea equivocada.
—Siembre tanto… y Dios le multiplica–, dicen desde los púlpitos.
Puro cuento. Están negociando con la fe. Salga corriendo de allí.
Dios nos suple, pero no negocia con nosotros. Lo hace por GRACIA, porque nos ama y porque, cuando le entregamos nuestra situación desesperada por dinero, Él nos ayuda.
No está obligado, porque a veces somos malos administradores de los recursos. Sin embargo, nos ayuda por GRACIA.
En esa dirección, comparto con usted cinco pasos prácticos:
1.- Entregue a Dios el manejo de su economía personal y familiar. Pídale sabiduría para invertir cada peso.
2.- En lo posible, no incurra en deudas. Si tiene tarjeta de crédito, no la lleve con usted. Si la utiliza, que sea por una necesidad.
3.- Haga una lista de sus prioridades y elimine los gastos innecesarios.
4.- Desarrolle contentamiento con lo que tiene. Claro, debemos aspirar a más, pero sin caer en deudas que nos atan.
5.- Desarrolle el hábito de ahorrar. Posponga la emoción que le arroja comprar cosas que, luego comprueba, no eran necesarias.
Dios debe ocupar el primer lugar en nuestra vida y la economía. Él nos guía para ser buenos administradores e invertir en lo que realmente necesitamos y es benéfico.
Dios es todo. Y en esa dimensión, nos ama y no quiere nuestra condenación eterna.
Por GRACIA perdona nuestros pecados en respuesta a un sincero arrepentimiento.
Es amor, entrega, misericordia.
Por amor, envió a Su Hijo Jesusa a morir en la cruz por nuestros pecados.
Nuestro Redentor llevó sobre sí toda nuestra maldad y la limpió en el Gólgota, al verter su sangre preciosa.
Insisto, eso es GRACIA. Gracia que perdona y nos ofrece la eternidad con el Padre.
La GRACIA está disponible para todos. Sí, para todos. Para usted, para mí, para todos.
Acójase a la GRACIA divina.
Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo.
Misión Edificando Familias Sólidas – @VidaFamiliar – @Conexión365