“… así también mi palabra, cuando sale de mi boca, no vuelve a mí vacía…” (Isaías 55: 11 | RVC)
No imagina la cantidad de padres que se sienten desfallecer porque sus hijos no viven conforme a la voluntad de Dios.
En desaliento transversal a todo cuanto hacen. Les parece que de nada servirán los esfuerzos en ninguna otra área.
“Desde pequeño le enseñé de Dios, a ir a la iglesia, escuela dominical. Y ese muchacho es hoy un mundano incorregible”, me escribió un padre desesperado.
¿Qué podemos hacer? Una respuesta sencilla: esperar en el tiempo de Dios.
Quizá mis palabras no le satisfagan, pero se lo explico: ni usted ni yo tenemos el poder para cambiar a ninguna personal.
Eso solamente lo puede hacer Dios.
Sobre esa base, para qué angustiarnos. Si clamamos por nuestros hijos, en el tiempo oportuno el Señor los impactará con Su gracia.
Recuerde lo que anota el Señor hablando a través de Isaías:
“Así como la lluvia y la nieve caen de los cielos, y no vuelven allá, sino que riegan la tierra y la hacen germinar y producir, con lo que dan semilla para el que siembra y pan para el que come, así también mi palabra, cuando sale de mi boca, no vuelve a mí vacía, sino que hace todo lo que yo quiero, y tiene éxito en todo aquello para lo cual la envié.” (Isaías 55: 10, 11 | RVC)
El tiempo de Dios es perfecto. Se que ha leído esta frase en varias partes, pero es así y debemos interiorizar esa verdad para dejar de amargarnos porque hoy nuestros hijos no caminan de la mano del Señor Jesús.
Los principios y valores que usted les impartió, germinarán. No le quepa la menor duda (Proverbios 22: 6)
Antes que desesperarse, hay que orar por los hijos. Aquí, permítame citar al autor cristiano, Abel López:
“Los hijos son lo más valioso que tenemos en nuestras manos. Debemos tener la perspectiva de que, entre todas las personas en el mundo, Dios nos escogió para ser los padres y los líderes de estas vidas bellas que nos dio como bendición: los hijos.” (Libro “Somos padres, ¿y ahora quién podrá ayudarnos”)
Ame y disfrute a sus hijos mientras pueda. Recuerde que no siempre estarán a su lado.
Y, hablando de hijos, ¿es consciente que es hijo de Dios? Sí, usted. No veo a otra persona por aquí.
Ahora, la mejor forma de relacionarnos con Él, es caminar en su voluntad.
¿De qué manera? Acogiéndose a Su gracia. Por gracia perdona todos—sí, leyó bien, todos—nuestros pecados; incluso esos que tantos nos avergüenzan.
El Padre nos perdona porque nos ama y no quiere nuestra perdición eterna. Sin embargo, nos perdona por amor. Ya Jesús el Señor pagó el precio en la cruz. Por amor estuvo en su lugar y en el mío allí en el Gólgota.
No espere más. Vuelva la mirada a Dios. Acójase a la gracia divina. Emprenda una nueva vida.
Ábrale hoy las puertas de su corazón a Jesucristo.
Fernando Alexis Jiménez sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas. Transmite el Programa Vida Familiar y, desde el 2016, dirige el Instituto Bíblico Ministerial.