“Las pocas riquezas que llegaste a poseer no podrán compararse con las que tendrás después.” (Job 8:7 | RVC)
¿Quién no ha enfrentado la derrota? Usted no es el único. Todos. De una u otra forma.
Quizá nos fue mal en un negocio, compramos algo que no funcionó y en últimas, no nos respondieron la garantía, o tal vez una amistad o relación sentimental que nos generó desilusión y vacío.
Solo usted sabe de qué se trata.
Lo cierto es que dolió. Y mucho.
Incluso, por algún tiempo nos culpamos y recriminamos. Como si hubiésemos sido los causantes.
Igual, si fue por nuestro descuido, debemos asumir que, a partir de toda crisis, aprendemos una lección. En últimas, no hemos perdido nada.
Cuando esas circunstancias quieran agobiarnos y robarnos la paz interior, debemos volver la mirada a Dios. Él siempre tiene la salida al laberinto. De su mano poderosa, hallamos soluciones. Siempre, no una vez. Siempre.
En realidad, nuestro único problema es apartarnos del Señor, como enseña la Palabra:
«¿Acaso crecen los juncos si no hay pantano? ¿O crecen los papiros donde no hay agua? Sin embargo, aún verdes y sin haberlos cortado, se marchitan antes que cualquier otra hierba. Así también son los que de Dios se olvidan; así termina la esperanza de los malvados.» (Job 8: 11-13 | RVC)
Sin embargo, cuando en medio de las circunstancias adversas, las más difíciles que pueda imaginar, usted vuelve la mirada al Padre celestial, no solo lo acoge en sus brazos, sino que lo saca del pozo de la desesperación.
Ese es el Dios de poder en el que hemos confiado. Jamás nos deja solos. Viene en nuestra ayuda cuando clamamos a Él.
Hoy es el día para emprender una nueva vida. ¿Y el pecado que ha cometido? ¿Esa acumulación de maldad que le hace sentir vergüenza delante de Su creador?
Es aquí justamente donde debemos hablarle de la gracia. ¿De qué se trata? Del amor ilimitado de Dios. Nos ama a pesar de nuestros pecados. Y algo más: nos perdona en respuesta a un sincero arrepentimiento.
Perdón ilimitado porque ya el Señor Jesús nos redimió. Es cierto, merecíamos la muerte eterna. Sin embargo, Él pagó el precio en la cruz. Con su sangre preciosa, vertida en el Gólgota, nos limpió de la maldad de ayer y de hoy. Lo hizo porque nos ama.
Hoy es el día para comenzar una nueva vida. Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo.
Fernando Alexis Jiménez sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas. Transmite el Programa Vida Familiar y, desde el 2016, dirige el Instituto Bíblico Ministerial.