Integridad en lo que hacemos, un principio de vida

La integridad debe ser un distintivo de todo cuanto hacemos.

El que vive honradamente lleva una vida tranquila… El engaño causa muchos problemas y la imprudencia lleva a la ruina. Las palabras del hombre honrado son una fuente de vida. Al malvado, la violencia lo domina. (Proverbios 10: 9-11 | TLA)


La integridad debe caracterizar todo lo que hacemos. Movernos a partir de principios y valores, aun cuando nadie nos ve. En lo secreto, el Padre celestial sabe qué pensamos y cómo actuamos.

  Integridad que se refleja en nuestra cotidianidad.

Si hacemos algo oculto, manejando una doble moral, la cara oculta que nadie conoce, temprano o tarde todo saldrá a la luz.

  No hay nada que quede oculto.

Permítame ilustrarlo con una historia real que podría servir de argumento de una película.

De esas cintas que uno ve de principio a fin comiendo crispetas o palomitas de maíz, como quiera llamarles.

Parecía una vida perfecta. Dalia y Michael Dippolito residían en un tranquilo suburbio de Florida, en 2009. Pero ella no quería seguir con su esposo. Entonces contrató a alguien que hiciera “el trabajo”. Acabar con su vida.

  Quería quedarse con el seguro de vida, las propiedades y todo el dinero ahorrado.

  Y ocurrió.

Recibió una llamada.  La voz temblorosa de un oficial le dio la noticia: Su esposo había sido asesinado frente a su casa.

Dalia llegó, gritando, llorando, temblando —una actuación que podría haber ganado un Oscar. Se cubrió el rostro, jadeando y exclamando: “¿Quién le hizo esto?!”

En la estación de policía, Dalia temblaba, intentando interpretar a la viuda afligida.

Hasta que la puerta se abrió… y Michael entró —vivo. Sus miradas se cruzaron. Los ojos de ella se abrieron incrédulos; su rostro se paralizó, el color se le escapó.

  Era como si hubiera visto un fantasma.

Los oficiales le revelaron todo: El “asesino a sueldo” que había contratado era un policía encubierto, y cada palabra que ella había dicho —cada plan, cada pago, cada frase sin emoción— había sido capturada en cámara.

Su telaraña de mentiras se derrumbó en un instante. Dalia Dippolito fue sentenciada a 16 años de prisión, y su historia se convirtió en uno de los casos de crimen real más impactantes de la América moderna.

Jamás lo olvide. Lo oculto termina saliendo a la luz. Es un principio universal. Una ley inevitable.

  El mal que hacemos a alguien, se nos devuelve.

Pero hay algo de lo que poco nos hablan y que vale la pena traer a colación. Me refiero a la GRACIA de Dios.

GRACIA es sinónimo de amor, de perdón ilimitado de nuestros pecados y de una nueva oportunidad de vida.

Dios hizo posible la GRACIA con la muerte de su Hijo amado, el Señor Jesús.

En la cruz, Él vertió su sangre preciosa e inocente para limpiarnos de toda la maldad, traernos perdón y vida eterna.

  Ábrale hoy las puertas de su corazón a Jesucristo.


Fernando Alexis Jiménez – @VidaFamiliarCo – @Conexión365