“La amabilidad es el amor en acción. Si la paciencia es la manera en que el amor reacciona para reducir al mínimo una circunstancia negativa, la amabilidad es la manera en que el amor actúa para aumentar al máximo una circunstancia positiva” (Stephen King, autor. Libro “Atrévete a amar”)
Le propongo una imagen: Usted va de camino al trabajo. Rápido. Desea llegar temprano. Y justo cuando frena ante un semáforo, siente un golpe fuerte. Una moto. Golpeó la parte trasera del vehículo. Lo arruinó, sin duda.
¿Cuál sería su reacción?
Otra escena. Está en la clínica. La persona que atiende, pide las órdenes de servicio. Usted lleva más de cuarenta minutos haciendo fila. Sin embargo, una señora que tiene algo más de sesenta años, se le adelanta y pasa por encima suyo. Sonríe: “Qué pena con usted, estoy algo enferma y quiero irme pronto”
¿Cuál sería su reacción?
Y, para terminar: Está en un supermercado grande. Compra un almuerzo, al mediodía. Hay agite por todas partes. La cajera cobra su consumo, pero al ver la factura despacio, descubre que se equivocó. En unos pocos pesos, pero se equivocó. Decide pedir el reembolso. La fila sigue larga. ¿En qué tono le haría el reclamo?
Simplemente, piénselo.
Antes de responder, le animo a leer lo que escribió el apóstol Pablo a los creyentes de Éfeso, en el primer siglo:
«Sean amables unos con otros, compasivos. Perdónense unos a otros tan pronta y completamente como Dios los perdonó en Cristo» (Efesios 4: 32 | Biblia El Mensaje)
¿CÓMO LLEVARLO A LA PRÁCTICA?
En el pasaje el apóstol Pablo les comparte tres instrucciones breves a los efesios.
En primer lugar, les pide que sean bondadosos, lo cual no se trata simplemente de ayudar a la gente, sino que sientan compasión por el resto de los creyentes que había en la congregación.
En segundo lugar, Pablo utiliza la palabra griega eusplanchnoi, que significa «tierno de corazón» o «compasivo». A veces también se refiere a una persona «de corazón fuerte». La gente debe conocer a los creyentes debido a su compasión.
Durante el relato del buen samaritano, Jesús habló sobre la importancia de vivir sintiendo compasión por los demás (Lucas 10:25–37).
En tercer lugar, Pablo les ordena a los lectores que se perdonen los unos a los otros, porque Dios los perdonó a ellos en Cristo (Mateo 18:21–35).
EL ALCANCE DEL PERDÓN
El perdón es una característica única de la fe cristiana. Las Escrituras hablan mucho sobre cómo Dios nos ha perdonado. Por ejemplo, Mateo 6:12, que forma parte del «Padre Nuestro», dice «perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores».
Mateo 26:28 nos recuerda que la sangre de Jesús fue específicamente «derramada por muchos para el perdón de los pecados«.
Perdón es la puerta abierta a emprender una nueva vida, una nueva relación, a escribir un nuevo capítulo en la existencia de todo ser humano.
Perdón es, también, el distintivo de la GRACIA de Dios. Esa GRACIA está disponible para todos. Para usted, para mí, para todos.
Si debíamos pagar un precio por nuestra maldad de ayer y de hoy, nuestro Salvador Jesús saldó la deuda al morir en la cruz. Murió por nuestros pecados.
Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo.
Fernando Alexis Jiménez – Misión Edificando Familias Sólidas – @Conexión365