Sin embargo, ¡Cristo resucitó! Esto nos enseña que también resucitarán los que murieron. (1 Corintios 15: 20 | TLA)
El tema de la muerte resulta aterrador para muchas personas. La sola idea de emprender el viaje eterno les resulta da miedo.
Sin embargo, cuando estamos en Cristo, tenemos la certeza de que morir es emprender el tránsito a la eternidad con Él.
Es importante se consciente de que morir es imprescindible, pero, además, perder el temor a la muerte.
Permítame ilustrarlo con una historia…
En 1370 a. C., en algún lugar de la Dinamarca prehistórica, una adolescente fue preparada para su viaje final.
Los artesanos de su aldea tallaron un ataúd de roble único, pulido con cuidado, y lo enterraron bajo un túmulo funerario.
Para ellos no era solo una sepultura: era una puerta al más allá.
Tres mil quinientos años después, en 1921, unos trabajadores abrieron aquel túmulo y hallaron algo que nadie esperaba: su cuerpo no había sobrevivido… pero todo lo demás sí.
Su cabello rubio, perfectamente recogido. Su falda de cordones. Su blusa de lana. Sus brazaletes de bronce. Incluso una pequeña urna con los restos de su última bebida —una mezcla de miel fermentada, mirto y arándanos— seguía allí, intacta en la oscuridad.
La ciencia reveló lo asombroso: la joven había viajado cientos de kilómetros en sus últimos meses de vida, cruzando Europa desde la Selva Negra hasta Jutlandia.
En un mundo sin mapas, fue una viajera lejana.
La joven se preparó para morir, porque quizá, todos sabían que estaba próxima a partir.

Hoy la conocemos como la Egtved Girl, uno de los descubrimientos más extraordinarios de la Edad del Bronce.
¿Apasionante? Sin duda que sí. Una historia que nos lleva a pensar en la vida y en la muerte.
No debemos temer a la muerte porque, los Hijos de Dios, tenemos asegurada la eternidad con Él.
El apóstol Pablo escribió:3
“Cada uno resucitará a su debido tiempo: primero Cristo; después, cuando él vuelva, resucitarán los que creyeron en él.” (1 Corintios 15: 23 | TLA)
Para que no muramos eternamente, Jesús el Señor murió en la cruz, Vertió su sangre preciosa para limpiarnos de toda maldad.
Nos presentó santos y justos delante del Padre.
Esa es la GRACIA de Dios, disponible para usted, para mí, para todos.
Hoy es el día para emprender una nueva vida. Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo.
Fernando Alexis Jiménez -@InstitutoBíblicoMinisterial – @Conexión365