No está mal y por el contrario es aconsejable, que definamos junto con nuestro cónyuge, las reglas que aplicaremos en casa.
Imagine por un instante que en una ciudad muy transitada, no hubiesen normas de tráfico. Vamos, haga el intento. ¿Qué imagen le vino a la mente? Sin duda de un caos. Colisiones de autos aquí y allá, y quizá personas accidentadas.
Esta misma realidad es la que aplica a un hogar donde no hay normas. Ni los cónyuges ni los hijos tienen pautas a seguir. Cada uno hace lo que quiere. ¿Sabe en qué terminará todo? En desbarajuste total, ruina y destrucción.
Un grupo de expertos al escribir una nota para la Revista Selecciones, recomienda:
“Los padres deben establecer límites que protejan la salud, la integridad y el bienestar de sus hijos a cualquier edad; entre esos límites se cuentan la hora de llegar a casa, asuntos como el no consumo de alcohol, la pureza sexual o asuntos referentes a los estudios y la carrera.” (Revista Selecciones. Edición Especial Familia. Julio 2015. México. Pg. 32)
Las líneas a seguir deben ser definidas y alrededor de ellas, moverse los hijos. Por supuesto, debemos ser nosotros quienes primero las acojamos y respetemos, para enseñar a partir del ejemplo.
El apóstol Pablo reconoció la importancia de tener normas en el hogar, y de aplicar una sana disciplina. En su carta a los creyentes de Éfeso escribió:
«Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino críenlos según la disciplina e instrucción del Señor.” (Efesios 6:4 | NVI)
No está mal y por el contrario es aconsejable, que definamos junto con nuestro cónyuge, las reglas que aplicaremos en casa. Por supuesto, por encima del criterio humano, buscaremos la orientación de Dios quien nos concede la sabiduría necesaria para obrar acertadamente.
De hecho el rey Salomón escribió: «
Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará.” (Proverbios 22:6 | NVI)
Sobre esos fundamentos es importante que revisemos cómo anda la relación familiar en lo atinente al tiempo que les brindamos, en la forma como estamos guiando a nuestros hijos en el proceso de crecimiento, y por último, en el tipo de pautas y normas que aplicamos en el hogar.
Dios es quien nos concede la sabiduría para guiar a la familia. A propósito ¿mora Cristo en su corazón? Si no es así, hoy es el día para que lo haga. Permita que tome el control de su vida y de su familia. No se arrepentirá de ésta que es la mejor decisión que pueda tomar jamás.
Fernando Alexis Jiménez sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas. Dirige el Instituto Bíblico Ministerial y es editor general de la Revista Vida Familiar.