Una heroína de nuestro tiempo

Dios valora nuestro esfuerzo por servir a los demás.

Cada árbol se conoce por su fruto: no se cosechan higos de los espinos, ni se recogen uvas de las zarzas.  (Lucas 6: 44 | Dios habla hoy)


Los héroes anónimos escriben nuestra historia. Hacen algo bueno por la gente, sin esperar nada a cambio. Sencillamente les nace del corazón. Sin montar un escenario. Nada. Espontáneamente.

Permítame contarle una historia real que ilustra este principio.

El 11 de febrero de 2019, un helicóptero cayó sobre una autopista en São Paulo.

Entre el humo y el fuego, murieron el periodista Ricardo Boechat y el piloto.

El camión contra el que impactó la nave, ardió en cuestión de segundos. El conductor se quedó atrapado en el metal retorcido.

A su alrededor, decenas observaban. La mayoría hombres. Algunos gritaban, otros grababan con sus teléfonos.

Y entonces, sin pensarlo dos veces, una mujer corrió hacia el incendio.

Era Leiliane Rafael da Silva, una trabajadora común que ese día iba de camino a casa.

Sin medir las consecuencias, Leiliane se trepó sobre la cabina del camión, apartó los restos de metal y ayudó a liberar al conductor.

Las llamas rugían. El calor era insoportable. Pero ella no se detuvo.

Cuando los rescatistas llegaron, Leiliane estaba cubierta de hollín, temblando, pero viva.

El conductor también.

La joven mujer había salvado una vida.

Los videos del accidente se hicieron virales, pero pocos miraron más allá de la tragedia.

Pocos notaron que, entre el caos, la verdadera historia no era la del helicóptero ni la del periodista, sino la de una mujer que eligió actuar cuando todos miraban.

En un mundo donde los héroes a menudo llegan después, Leiliane llegó primero. Sin uniforme, sin aplausos. Solo con valor.

¿Le gustó la historia? A mí me fascinó. La tenía escrita por ahí, en una de mis libretas de notas. Y hoy encontré el momento oportuno para compartirla.

Esta mujer me llevó a recordar al Señor Jesús.

Nuestro amado Salvador se sacrificó por usted y por mí en la cruz. Sufrió en el calvario para traernos perdón y vida eterna.

Esa es la GRACIA.

Por GRACIA somos perdonados de toda nuestra maldad, de ayer y de hoy. Dios nos ofrece una nueva oportunidad de emprender el camino.

Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo.


Fernando Alexis Jiménez – @Conexion365 – @FamiliasSólidas