¿Qué tan distante se encuentra de Dios?

La peor decisión que podemos asumir, es alejarnos de Dios. Las consecuencias no se dejan esperar.

Uno de los mayores errores que vive toda persona, es ignorar la realidad de la situación caótica en la que está viviendo. Y, también, justificarse y, de paso,  culpar a otras personas de sus malos momentos.


Fernando Alexis Jiménez | Revista Vida Familiar | @VidaFamiliarCo


En la soledad de una fría y húmeda prisión, el predicador John Bunyan escribió una de las novelas más famosas del mundo cristiano: El progreso del peregrino. Concluyó el texto en 1675.

Es la historia del peregrinaje de un hombre a través de la vida en busca de la salvación. Describe situaciones que vivimos hoy y que nos llevan a experimentar la sensación de encontrarnos en un laberinto sin salida.

Una de las escenas más dolorosas ocurre cuando Cristiano, que así llama el protagonista, cae en el Pozo de la Desesperación.

Ese es el estado en el que termina sumido quien se distancia de Dios, por las razones que sea.

DISTANCIARNOS DE DIOS TRAE CONSECUENCIAS

Alejarnos de Dios, deliberadamente o sin pretenderlo, desata terribles consecuencias. Por cierto, no son nada alentadoras.

Aun cuando no lo hayamos visto así, el pecado es atrayente y nos envuelve como una enorme telaraña de la que, posteriormente, resulta difícil escapar.

Roberto vivió en el Pozo de la Desesperación desde que cayó en adulterio. Lo hizo con una compañera de oficina. En un comienzo, la relación le pareció placentera y decidió divorciarse. De hecho, una segunda decisión fue apartarse de la comunidad de creyentes.

Con el paso de los días terminó inmerso en un infierno de celos, discusiones constantes y desespero por falta de recursos económicos. Su amante lo abandonó.

A Ramiro le sucedió la mismo, aunque su historia es distinta. Fue criado en un hogar con principios y valores. Cada semana iban a la iglesia de su distrito, en la ciudad.

Los problemas comenzaron cuando consumió drogas en la universidad. Poco a poco fue cayendo en una espiral sin fondo de la que, le parecía, era difícil escapar.

Lejos de Dios no hay esperanza y el panorama se torna cada vez más sombrío.

VIVIR EN LA MUNDANALIDAD DEMANDA UN PRECIO

El hijo rebelde que describe el Señor Jesús en el registro de Lucas 15, se fue de casa. Creía que, disponiendo de dinero, tenía todo a su favor.

En la Palabra leemos:

«Poco después el hijo menor juntó todo lo que tenía y se fue a un país lejano; allí vivió desenfrenadamente y derrochó su herencia.  Cuando ya lo había gastado todo, sobrevino una gran escasez en la región, y él comenzó a pasar necesidad. Así que fue y consiguió empleo con un ciudadano de aquel país, quien lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tanta hambre tenía que hubiera querido llenarse el estómago con la comida que daban a los cerdos, pero aun así nadie le daba nada. » (Lucas 15: 13- 15 | NVI)

Al igual que este joven, Roberto y Ramiro experimentaron en carne propia las consecuencias de sus malas decisiones.

Probablemente usted se encuentra en la misma condición. Ha pecado sinnúmero de veces y esos deslices hacia la maldad, le están pasando cuenta de cobro. Se encuentra hoy como el protagonista del Progreso del peregrino, en lo más profundo del Pozo de la Desesperación.  

EL MAYOR EQUÍVOCO: IGNORAR LA REALIDAD

Uno de los mayores errores que vive toda persona, es ignorar la realidad de la situación caótica que experimenta. Y, también, justificarse y, de paso, culpar a otras personas de sus malos momentos.

Es una estrategia de Satanás para engañarnos. Así se asegura de que permanezcamos atados al pecado, sufriendo, y que no podamos salir de la prisión.

El rey Salomón escribió:

«Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja halla perdón.» (Proverbios 28: 13 | NVI)

Aunque parezca increíble, millares de personas no quieren tomar conciencia de la situación que atraviesan. Como el avestruz, entierran la cabeza en la arena. Pretenden que nada ocurre alrededor.

UN ALTO EN EL CAMINO CAMBIA EL CURSO DE LA VIDA

Cuando la vida cae en un estado de desespero como consecuencia del pecado, antes que acudir a medidas desesperadas, lo mejor es hacer un alto en el camino.

¿Nos hemos distanciado de Dios? ¿Le confiamos nuestra situación? ¿Le hemos pedido ayuda? ¿Somos conscientes de que, por su gracia y en respuesta a un arrepentimiento sincero, recibiremos perdón y una nueva oportunidad?

Si en medio de la vorágine de sentimientos encontrados que enfrenta hoy, hizo un alto en el camino para formularse esos interrogantes y responderlos con honestidad, va por buen camino.

Recuerde la enseñanza de nuestro Salvador Jesucristo:

«No he venido a llamar a justos, sino a pecadores para que se arrepientan.» (Lucas 5: 32 | NVI)

El arrepentimiento es el paso decisión que nos acerca nuevamente a Dios, nuestro creador. Por su gracia, nos espera con los brazos abiertos.

Desde la antigüedad, el amado Padre prometió ayuda a quienes se volvieran de sus caminos de maldad:

«Aunque te encuentres desterrado en el lugar más distante de la tierra, desde allá el Señor tu Dios te traerá de vuelta, y volverá a reunirte. Te hará volver a la tierra que perteneció a tus antepasados, y tomarás posesión de ella. Te hará prosperar, y tendrás más descendientes que los que tuvieron tus antepasados. El Señor tu Dios quitará lo pagano que haya en tu corazón y en el de tus descendientes, para que lo ames con todo tu corazón y con toda tu alma, y así tengas vida.» (Deuteronomio 30: 4-6 | NVI)

Hay oportunidad. Quizá como el hijo pródigo de la parábola, usted se ha alejado de Dios. Hoy vive los resultados de ese distanciamiento. Es hora de volver la mirada Aquél que puede sacarlo victorioso del Pozo de la desesperación. Aprópiese de Su gracia y préndase de la mano que Él le extiende hoy.


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