Evalúese, ¿usted ama a su cónyuge o es dependiente de esa relación?

dependiente emocional

¿Se ha preguntado si ama a su cónyuge o, sencillamente, depende de él o de ella? Es una pregunta que reviste importancia. No la tome a la ligera. Haga un espacio en su cotidianidad y evalúese con detenimiento.

La dependencia podría ser comparada con la adicción a una relación, que por supuesto, resulta algo nociva para nuestro ser.

Antes de abordar el asunto, le invito a considerar un texto que forma parte de la primera carta que escribió el apóstol Pablo a los creyentes de Corinto, atinente al amor:

“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.”(1 Corintios 13:13)

El amor reviste una significación especial, en nuestra vida pero también en nuestra relación de pareja y con los hijos. De ahí que, cuando dependemos de alguien o la relación con esa persona llega a convertirse en algo fundamental y no podemos vivir sin él o ella, estamos llegando a un punto de desequilibrio.

Señales inequívocas

¿Cuándo comprobamos que estamos dependiendo de alguien? En primer lugar, cuando sin él o ella, hablando de nuestro cónyuge, no somos felices. Sentimos que los días se tornan grises. Y si hay un conflicto, por supuesto, consideramos que el mundo se derrumba bajo nuestros pies.

Otras señales inequívocas son:

  • Sentirnos abandonados si nuestra pareja se marcha bajo enojo.
  • Soportar los malos tratos porque no queremos perderle.
  • Depender de él o ella para todo cuanto hacemos.
  • Esforzarnos por complacerle en todo, aún a costa de nuestra propia infelicidad.
  • No piensan en sí mismos.
  • Experimentan baja autoestima.
  • Si reciben críticas de su pareja, sienten que el mundo se les vino encima.

Estos aspectos vale la pena considerarlos porque si en uno o varios puntos coincidimos, sin duda, estamos bajo una dependencia emocional y afectiva que resulta dañina.

Sugerencias para resolver el problema

En primer lugar, reconozca que usted está enfrentando un problema. Y decimos problema porque a menos que haya una intervención, no se resolverá.

Desde la sicología hay muchas formas de atender el asunto, pero para nosotros como cristianos, el mejor camino es pedirle a Dios en oración que ministre nuestra vida con sanidad interior. Cuando Él toma cartas en el asunto, el problema verdaderamente se resuelve.

Nuestras sugerencias, entonces, se orientan en la siguiente dirección:

  1. Dependa de Dios para resolver el problema que enfrenta.
  2. Reconozca que el problema de la dependencia no se resuelve de la noche a la mañana, es un proceso.
  3. Piense en sus propias necesidades primero, para que avance en la superación de la dependencia emocional.
  4. Pídale a Dios que le ayude a retomar la identidad dañada, recobrando su autoestima.
  5. Aprenda a dimensionar el amor que usted da, bajo qué condiciones, así como el amor que recibe a cambio.

En todo este proceso es fundamental que Dios intervenga. Sin Él, se nos dificultará dar pasos sólidos. Recuerde, amar debe estar en consonancia con ser amado. Es un equilibrio que sólo nuestro amado Señor nos ayuda a alcanzar.

A propósito, si no ha recibido a Jesucristo, le invitamos a que tome esa decisión hoy. Es la mejor que jamás podrá tomar, porque prendidos de Su mano poderosa, vivimos la maravillosa experiencia de crecer en las dimensiones personal, espiritual y familiar.

* Fernando Alexis Jiménez es pastor de la Misión Edificando Familias Sólidas www.FamiliasSolidas.Com