El amor de Dios fortalece la relación familiar

¿Qué hacer en medio de la crisis que azota a sinnúmero de familias? La respuesta está en la Biblia. Consiste en permitir que el amor de Dios produzca transformación. Una decisión que está en sus manos.

¿Qué hacer en medio de la crisis que azota a sinnúmero de familias? La respuesta está en la Biblia. Consiste en permitir que el amor de Dios produzca transformación. Una decisión que está en sus manos.

¿Qué hacer en medio de la crisis que azota a sinnúmero de familias? La respuesta está en la Biblia. Consiste en permitir que el amor de Dios produzca transformación. Una decisión que está en sus manos.


Fernando Alexis Jiménez | Editor de la Revista Vida Familiar


En medio de la crisis que atraviesa la familia, en la que infortunadamente prima el orgullo, alimentado por la falta de perdón, lo que puede traer un cambio definitivo es el poder del amor que Dios coloca en lo más profundo de nuestro ser. Ese amor que rompe barreras y que prodigamos y recibimos de nuestro cónyuge, de los hijos y de las personas que nos rodean.

Ahora, aquí cabe anotar que todas las personas tienen una forma particular de dar y recibir amor. Es un aspecto en el que debemos meditar y pedir del Señor sabiduría para saber expresar el amor.

  • Que las personas a su alrededor, comenzando por los integrantes de su familia, se sientan amadas.
  • Que usted mismo, con ayuda de Dios, rompa las barreras levantadas en su niñez, adolescencia y quizá juventud, que le impiden recibir amor.

Esa transformación que necesitamos y en la que nos mantenemos y crecemos, solo es posible cuando en nuestra vida personal y familiar involucramos a Dios. Le damos todo el control.

Al referirse a la importancia del amor y que reine en nuestra cotidianidad, el autor cristiano, Neil T. Anderson, escribe:

“El Nuevo Testamento nos instruye más de veinte veces alrededor de dar amor. El mandamiento que más repiten los escritos neotestamentarios es el de amarnos unos a otros. A los esposos, específicamente, se les manda que amen a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia.”

También anota el mismo expositor:

“Los esposos y las esposas no siempre comparten el mismo lenguaje en torno al amor. También es cierto que no siempre se comprenden cuando de abordar el asunto de expresar el amor se refiere.”

Uno de los aspectos de conflicto en la relación de pareja lo constituye el mal uso del tiempo que invierten entre sí y con los hijos:

  • Los hombres generalmente piensan que pierden algo de sí mismos cuando pasan demasiado tiempo con su pareja.
  • Cuando los hombres hablan, por lo general comparten información y expresan sentimientos.
  • Cuando las mujeres hablan con su cónyuge e, incluso, con los hijos, expresan sentimientos y en algunas ocasiones esperan apoyo.
  • Cuando las mujeres hablan, esperan ser escuchadas con atención.

Es importante que atesoremos en el corazón pequeñas apreciaciones como estas, que pueden marcar la diferencia en la relación con el cónyuge y con los hijos, mejorando las condiciones de comunicación e interacción.

Recuerde lo que enseña el apóstol Pablo en su carta a los creyentes de Corinto:

“El amor es paciente y bondadoso. El amor no es celoso ni fanfarrón ni orgulloso ni ofensivo. No exige que las cosas se hagan a su manera. No se irrita ni lleva un registro de las ofensas recibidas.” (1 Corintios 13: 4, 5 | NTV)

Aplica a nuestra vida familiar. De hecho, es un pasaje que debemos tener en cuenta las 24 horas del día, en el trato con la pareja y con los hijos.

DARLE APROPIADO MANEJO A LAS DISCUSIONES

En la relación de familia, comenzando por el cónyuge, las discusiones son inevitables. Un elemento que no podemos desconocer ni pasar por alto. Pueden surgir por la dinámica de dar y recibir amor.

Cuando expresamos nuestras diferencias debemos ser muy cuidadosos. Lo fundamental es no herir al cónyuge o a los hijos con lo que decimos. Recuerde que las palabras hieren o edifican.

«La lengua puede traer vida o muerte; los que hablan mucho cosecharán las consecuencias.» (Proverbios 18: 21 | NTV)

El apóstol Pablo, por su parte, anota lo siguiente:

» No empleen un lenguaje grosero ni ofensivo. Que todo lo que digan sea bueno y útil, a fin de que sus palabras resulten de estímulo para quienes las oigan.» (Efesios 4: 29 | NTV)

Tenga en cuenta que las palabras…

… Pueden herir o curar.

… Pueden destruir o edificar.

… Pueden expresar crítica o alabanza.

… Pueden expresar dureza o ternura.

… Pueden evidenciar una verdad o reafirmarse en mentiras.

El grado de influencia que ejercemos puede ser demoledor o edificante, cuando las pronunciamos en presencia o en la relación con alguien que amamos.

Recuerde lo que anota el rey Salomón:

«Las palabras amables son como la miel: dulces al alma y saludables para el cuerpo.» (Proverbios 16:24 | NTV)

La relación con su familia es muy valiosa. Por ese motivo, debe someterla en manos de Dios, quien nos permite expresar crecimiento diariamente, caminando de Su mano poderosa.


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