Pequeñas acciones que marcan la diferencia

No podemos dejar de hacer el bien a quien lo necesita.

«Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Juan 15:13)


Puede parecer algo pequeño, pero hay pequeñas acciones que desarrollamos diariamente a favor del prójimo, que marcan la diferencia.

Pueden parecer pequeñas, pero definen un antes y un después.

Permítame ilustrarlo con una historia.

David A. Johnston tenía 30 años. Y se convirtió en un héroe. Pasó a la historia. ¿Qué hizo? Advirtió sobre un enorme peligro. El deslizamiento de una montaña por la activación de un volcán. Su advertencia salvó a cientos. Su cuerpo nunca fue encontrado.

Ocurrió el 18 de mayo de 1980.

El amanecer se alzó sobre la cordillera de las Cascadas en el estado de Washington, y David estaba exactamente donde había estado durante semanas: observando el Monte Santa Helena.

Durante 57 días, la montaña había avanzado hacia algo catastrófico. Terremotos sacudiendo el suelo. Chorros de vapor atravesando la nieve. Un enorme abultamiento creciendo en la ladera norte: la montaña literalmente deformándose mientras el magma empujaba desde abajo, expandiéndose más de un metro y medio por día.

David estaba estacionado en Coldwater II —un puesto de observación a diez kilómetros al norte de la cumbre.  

Era vulcanólogo del Servicio Geológico de los Estados Unidos.  Y él estaba atento, para advertirles con tiempo ya que, ese volcán que llevaba 123 años dormido, estaba despertando.

Gracias a su pericia, logró avisar con tiempo, cuando anticipó la tragedia.

Su cuerpo nunca fue encontrado. La erupción simplemente lo borró. La erupción mató a 57 personas ese día. Pero podrían haber sido miles.

En 1997—diecisiete años después de la erupción—se inauguró el Observatorio Johnston Ridge en el sitio donde David murió.

Lo que hizo fue heroísmo.

Jamás se canse de ayudar a quien lo necesita. Las pequeñas acciones marcan la diferencia.

Y hay un sacrificio que marcó un antes y un después en nuestra historia. Me refiero a la muerte del Señor Jesús en la cruz. Vertió su sangre preciosa para perdonar nuestros pecados y traernos vida eterna.

Esa es la GRACIA, que está disponible para usted, para mí, para todos.

Hoy es el día para acogernos a la GRACIA, recibir perdón de pecados y vida eterna.

Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo.


Fernando Alexis Jiménez | @SermonesCo – @VidaNuevaCo – @Conexión365