7 errores comunes que llevan al divorcio

Si hay algo en lo que no debemos pensar como única salida a la crisis, es en el divorcio. Con ayuda de Dios podemos superar toda situación difícil.

Si usted piensa que el camino más fácil para librarse de las diferencias en el matrimonio, es divorciarse, debe tener especial cuidado en el costo que viene de la mano con esa decisión.


Fernando Alexis Jiménez | Director del Instituto Bíblico Ministerial


¿Qué nos llevó a la separación? La pregunta se la hizo una y mil veces Malena. Joven, profesional, entusiasta, con muchos sueños y metas… pero separada a los 25 años y, por supuesto, con un panorama ensombrecido.

No podía concebir que su relación hubiese terminado abruptamente con Ricardo. Se conocieron en la universidad, hicieron planes, pero todo terminó en constantes enfrentamientos.

Sus amigos creían que eran la pareja ideal. Los vecinos coincidían en asegurar que peleaban mucho. Ellos estaban convencidos que la ruptura se produjo demasiado rápido.

EL DISTANCIAMIENTO EMOCIONAL

Pero, ¿realmente es así? Por cierto, que no. Todo comienza con un distanciamiento físico que desemboca en una separación emocional.

El autor y consejero familiar, James Dobson, escribió:

“Muchos estudios han revelado el impacto emocional y financiero del divorcio en las parejas y sus hijos. Pero menos conocida es la investigación que muestra que el divorcio pone a las personas en alto riesgo de problemas psiquiátricos y enfermedades físicas.  Por ejemplo, estar divorciado y no fumar es solo un poco menos peligroso que fumar un paquete o más al día y permanecer casado. Además, todo tipo de cáncer terminal afecta a individuos divorciados de ambos sexos con más frecuencia que a personas casadas. Además, las tasas de muerte prematura son significativamente más altas entre hombres y mujeres divorciados. Los médicos creen que esto se debe a que el trauma emocional del divorcio estresa al cuerpo y reduce la defensa del sistema inmunológico contra la enfermedad.”

Las dificultades matrimoniales generan desasosiego, depresión, ansiedad y están asociadas a otros aspectos, tanto de salud como emocionales, que terminan siendo altamente perjudiciales.

La psicóloga e investigadora norteamericana, Judith Wallerstein, publicó numerosos libros y artículos sobre el divorcio y sus consecuencias. Descubrió que el trauma experimentado por los niños pequeños después de un divorcio permanece con ellos durante toda su vida, lo que hace que sea más difícil hacer frente a los desafíos y dificultades.

La especialista escribió:

«A diferencia de la experiencia de los adultos, el sufrimiento del niño no alcanza su punto máximo en la ruptura y luego se estabiliza. El efecto del divorcio de los padres se reproduce y se repite a lo largo de las primeras tres décadas de la vida de los niños».  Los niños del estudio son propensos a sentir temores irracionales, sensación de abandono, rechazo, temor de abandono del padre presente y un anhelo desesperante por tener al padre ausente, y aunque pasaran los años estos sentimientos crecían en los niños que empezaban a ser adolescentes.”

La adolescencia y la adultez temprana son momentos particularmente estresantes. Las relaciones románticas posteriores siguen estando influenciadas por los recuerdos del divorcio.

Si usted piensa que el camino más fácil para librarse de las diferencias en el matrimonio, es divorciarse, debe tener especial cuidado en el costo que viene de la mano con esa decisión.

En alguna ocasión el Señor Jesús compartió una parábola dirigida a quienes deseaban ser sus seguidores:

«Supongamos que alguno de ustedes quiere construir una torre. ¿Acaso no se sienta primero a calcular el costo para ver si tiene suficiente dinero para terminarla? Si echa los cimientos y no puede terminarla, todos los que la vean comenzarán a burlarse de él y dirán: “Este hombre ya no pudo terminar lo que comenzó a construir”.  O supongamos que un rey está a punto de ir a la guerra contra otro rey. ¿Acaso no se sienta primero a calcular si con diez mil hombres es posible enfrentarse al que viene contra él con veinte mil? Si no puede, enviará una delegación mientras el otro está todavía lejos, para pedir condiciones de paz.» (Lucas 14: 28-32 | NVI)

Considero que cuando andamos animados con la idea de echar todo por la borda y separarnos, leer este pasaje bíblico nos viene bien.

ERRORES COMUNES QUE DESTRUYEN

Los estudiosos coinciden en siete errores comunes que destruyen la relación matrimonial:

1.- Desestimar el diálogo como cimiento para una buena relación

2.- Dejar morir la Pasión. La Biblia enfatiza en la importancia de encontrar complacencia y gozo en el cónyuge (Cp. Proverbios 5:18-19)

3.- Mantener actualizado un listado de errores del cónyuge. Dios nos dice que tras el arrepentimiento y la decisión pedir perdón, Él arroja al fondo del mar nuestros pecados (Cp. Miqueas 7:18, 19), pero los seres humanos nos preocupamos por mantener vigente un memorial de agravios de nuestro cónyuge.

4.- No romper con el cordón umbilical. Debemos desligarnos de la casa materna y asumir nuestra propia responsabilidad como pareja (Cp. Génesis 2:24)

5.- Abrir puertas a la infidelidad. Al contraer matrimonio, los esposos se obligan a la fidelidad y también a reconocer que se pertenecen mutuamente (Cp. Cantares 2:16)

6.- Proseguir aferrados en el individualismo. Los miembros de la pareja se convierten en uno solo, como enseñó nuestro amado Salvador Jesucristo (Cp. Mateo 19:6).

7.- Pretender que domine la relación el más fuerte. En una relación conyugal no prevalece quien más grite o procure imponer su voluntad.

No podemos resignarnos a que las cosas vayan mal en el matrimonio y, contribuir, agravando las cosas. Sumar nuevos conflictos a la crisis que quizá estén viviendo.

Cuando vamos a la Biblia, el libro de la familia por excelencia, encontramos el siguiente consejo del rey Salomón:

 “Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol.” (Eclesiastés 9:9)

La relación conyugal no debe ser ni una camisa de fuerza ni una pesada cruz que llevamos a cuestas. Por el contrario, y como aprendemos en las Escrituras, debe ser una fuente de enriquecimiento y al mismo tiempo de crecimiento mutuo.

Ahora, espero que no se apresure. Las puertas para el divorcio no están abiertas. Probablemente usted enfrenta algunos de estos factores que inciden en la decisión de separarse, pero no son una justificación para que vaya a dar ese paso sin avanzar cuidadosamente en el análisis de qué está sucediendo y qué se puede resolver. En esa tarea de análisis, no está solo. Dios le acompaña siempre.

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