¿Cómo enfrentamos las heridas en nuestro interior?

sanidad interior

Lectura Bíblica: 2 Corintios 1:3-5

Todos enfrentamos períodos críticos en la vida conyugal y familiar en general.  Algunos de esos episodios nos dejan profundas heridas que permanecen en el tiempo, que son difíciles de sanar, que no impiden ser felices. No importa cuántas cosas buenas nos ocurran, esos recuerdos tristes permanecen ahí, nos apesadumbran. Son como una enorme barrera para avanzar como quisiéramos.

UNA RUTA DE TRES PASOS

El único que puede traer sanidad a nuestro mundo interior es el Señor Jesucristo. En la Palabra leemos:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.”(Mateo 11:28-30 | RV 60)

El mismo Señor Jesucristo enseño el camino para alcanzar sanidad interior:

  1. Identificar qué es aquello que nos atormenta (escenas, recuerdos y períodos dolorosos en nuestra vida)
  2. Tener muy claro que persona consideramos nos ha causado dolor. Podría ser nuestro cónyuge o hijos. Sin embargo, debemos tener mucho cuidado porque puede tratarse de una apreciación subjetiva por nuestra parte.
  3. Rendir esos recuerdos a los pies del Señor Jesucristo. Él es quien toma las cargas y nos sana.

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Gary Smalley, un experto en consejería familiar, escribe:

“Permítase experimentar el dolor relacionado con lo que le atormenta. No reprima las lágrimas ni la aflicción. La aflicción es un don de Dios que nos permite desahogarnos. Nos libera del dolor que se produce en nuestro corazón, por alguna situación o por una pérdida. Cuando vamos a las páginas de la Biblia, vemos que si alguno se afligía, tal estado era saludable, no perjudicial.” 

NO SIGA LLEVANDO PESADAS CARGAS

Dios nos ofrece sanidad interior. Él no quiere que sigamos atrapados por el pasado. El apóstol Pablo, al comprenderlo, escribió:

“Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte,  si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos. No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” (Filipenses 3:8-14| RV 60)


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Por este motivo reviste importancia que cuidemos los sentimientos que anidamos en el corazón (Cf. Proverbios 4:23) Por este motivo, es imperativo que cuidemos los sentimientos que anidamos en nuestro ser interior. Y, particular, lo que sentimos hacia nuestro cónyuge y los hijos o las personas con las que interactuamos diariamente:

“Por eso, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas, 13 y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. Seguid la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien, para que ninguno deje de alcanzar la gracia de Dios, y para que no brote ninguna raíz de amargura que os perturbe y contamine a muchos.”(Hebreos 12:12-15| RV 60)

También leemos:

“Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no nos defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.”(Romanos 5:3-5 | RV 95)

Cuando alcanzamos un grado de sanidad interior, aprovechamos las “tormentas de arena”. Para encontrar perlas, es decir, aspectos que podemos obtener a partir del dolor. Dios sana y lo hará siempre, cuando nos rendimos a Él y le permitimos obrar en nuestro ser interior (2 Corintios 1:3-5)


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Cuando nos rendimos a Dios, las situaciones de dolor son sanadas y de nuevo podemos ver nuestro entorno, y disfrutar la vida que Él nos llamó a vivir en plenitud. Él no concibió la vida conyugal y familiar para que fuéramos infelices, sino para que le encontráramos sentido, trajera enriquecimiento a nuestro ser y nos permitiera alcanzar metas de realización en todos los órdenes.

Dios es quien debe tomar control de su mundo interior. No luche en sus fuerzas. Seguir cargando con lo que le atormenta, es sencillamente necedad. Dele libertad a Jesucristo para que haga lo que Él sabe hacer…


EJERCICIOS PARA LOS PARTICIPANTES EN EL SEMINARIO

Conferencia: “¿Cómo enfrentamos las heridas de nuestro mundo interior?”



EJERCICIO Nro. 1

¿Cuáles son los sentimientos que ha venido guardando en su corazón como consecuencia de la falta de perdón? ¿De qué manera afecta su relación conyugal y con los hijos?

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EJERCICIO Nro. 2

Piense en su cónyuge e hijos. ¿Hay una ofensa que le hayan causado y que aún no ha podido perdonar? Ahora lea Colosenses 3:12-15. Alrededor de la falta de perdón, ¿qué enseña Dios en Su Palabra:

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EJERCICIO Nro. 3

Por favor lea Proverbios 17: 1. ¿Qué ambiente espera Dios que reine en la vida conyugal y con los hijos’ ¿Qué se compromete usted a hacer desde hoy para que eso ocurra?

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© Fernando Alexis Jiménez – Seminario “Salvemos Nuestro Matrimonio” www.familiassolidas.com